Entrevista realizada en el diario La Verdad (María Meseguer. Murcia 26/11/2025)
«Unimos rentabilidad social y económica: esa es nuestra nueva cultura empresarial»
Juan Nicolás irrumpe de nuevo en la escena cultural y social murciana tras más de una década de innovación, gestión y dirección en ámbitos públicos, privados y del tercer sector. Su nueva etapa –al frente de JN, su sello de consultoría, producción y estrategia cultural– busca algo poco habitual: demostrar que el arte puede ser sostenible, que lo social puede ser rentable y que un proyecto cultural puede convertirse en motor económico sin renunciar a su sentido.
Con la seguridad de quien ha construido una trayectoria sólida y reconocida –y también con la humildad de quien inicia un ciclo nuevo– Juan Nicolás conversa sobre empresa, cultura, territorio y el desafío de unir lenguajes que, hasta ahora, parecían vivir en mundos paralelos.
–Arranca una nueva etapa para usted con el lanzamiento de JN. ¿En qué consiste exactamente este proyecto?
–Es una nueva etapa, pero no una ruptura: es una consecuencia natural de todo lo vivido. JN nace con una idea muy clara: conectar rentabilidad social y rentabilidad económica en los proyectos culturales y creativos. Durante años he visto a artistas con propuestas extraordinarias que no encontraban estructura ni financiación; y a empresas que querían implicarse socialmente, pero no sabían cómo hacerlo con rigor, impacto y retorno real. Lo que ofrece JN es justo ese puente: unir talento creativo, inversión privada e impacto social. Mi objetivo es sencillo: demostrar que se puede generar valor económico sin renunciar al valor social, y viceversa. Que la industria cultural y creativa no es un gasto, sino una inversión estratégica. Y, en lo personal, es también un regreso. Con humildad, pero con la seguridad que da la experiencia, siento que ahora estoy preparado para poner todo ese bagaje —redes, contactos, aprendizajes, errores, éxitos— al servicio de quien lo necesite.
«La cultura puede ser rentable: nuestras estrategias fiscales permiten invertir a las empresas con impacto social y sacar beneficio»
–Habla de unir rentabilidad económica y social. ¿De dónde nace esa mirada?
–De una trayectoria muy diversa. He trabajado en la administración pública, en políticas sociales, en el tercer sector, en la gestión cultural y en la producción artística. Eso me ha dado una visión integral: sé cómo se diseña, se financia y se impulsa un proyecto cultural desde dentro y desde fuera, desde la idea hasta el impacto. Con los años he comprobado algo fundamental: cuando la cultura incorpora metodología social, crece; y cuando lo social incorpora excelencia creativa, transforma. Por eso siempre he defendido que no hay que elegir entre calidad estética y compromiso social. Se pueden tener ambas cosas. Ahora, con JN, quiero convertir esa convicción en un modelo de negocio seguro y sostenible. Aquí entra una de nuestras líneas clave: la estrategia fiscal aplicada a la cultura. A través de deducciones fiscales y modelos de inversión cultural, ayudamos a que las empresas puedan invertir en proyectos artísticos con impacto social obteniendo un retorno económico real. Es un mecanismo transparente, eficaz y beneficioso para todos: para quien invierte, para quien crea y para la sociedad.
–También dice que JN nace desde la humildad, pero poniendo en valor su trayectoria. ¿Qué elementos de su recorrido profesional sostienen esta nueva etapa?
–Lo que soy hoy se sostiene sobre muchos años de trabajo con personas profundamente generosas que me han acompañado en cada etapa. Algunos hitos fueron especialmente determinantes, el Premio Joven del Año de la Región de Murcia (2007), por impulsar el primer Foro Artístico Juvenil. Después llegó el más significativo: Premio 8 de Marzo (2020) del Gobierno regional, es imprescindible que los hombres nos impliquemos por la igualdad y contra la violencia de género. Un punto de inflexión fue conocer a Mabel Lozano, mi hermana profesional y una referencia absoluta en la defensa de los derechos de las mujeres. Juntos impulsamos la campaña #EsoNoEsSexo y la exposición Chicas Nuevas 24 Horas —basada en su documental— que comisarié para Fundación Cepaim y que recibió el Premio 25N del Ministerio de Igualdad a través de la Delegación del Gobierno. Mi etapa al frente del Centro de Arte Contemporáneo Párraga fue otro hito decisivo. Allí vimos llover literalmente con Meg Stuart, estrenamos La Casa de la Fuerza de Angélica Liddell —aún recuerdo las cinco toneladas de carbón sobre el escenario—, y coprodujimos trabajos como El llac de les mosques de Sol Picó, con el que obtuvimos un Premio Max. También pasaron figuras como Raimund Hoghe (dramaturgo y coreógrafo de Pina Bausch), Jan Fabre, Peeping Tom, Giséle Vienne o el monumental 2666 de Àlex Rigola inspirado en Bolaño. Fue una etapa artística irrepetible. Otro proyecto que me marcó fue la dinamización del Centro de Arte y Desarrollo Comunitario Intercultural La Estación, donde creé el festival Micro-Acciona, hoy un referente en innovación cultural y participación ciudadana.
«Es imprescindible que los hombres nos impliquemos en la igualdad y contra la violencia de género»
–En alguna ocasión hemos escuchado decirle que uno de sus sueños es el congreso internacional de artes y diversidad.
–Así es, el Festival Internacional de las Artes y la Diversidad, promovido por Fundación Cepaim: uno de mis grandes sueños hechos realidad. Más de 200 artistas y pensadores han pasado por sus ediciones, entre ellos Paul B. Preciado, María Galindo, Remedios Zafra, o la colaboración altruista de El Deseo, Pedro Almodóvar y Alberto Iglesias en el corto ‘Paula’, dirigido por Iglesias Mas. Toda esta trayectoria me ha dado una red profesional robusta, un conocimiento profundo del sector y una comprensión clara de cómo funcionan los proyectos culturales cuando aspiran a generar impacto real. Cada proyecto tiene identidad propia, un recorrido único. Mi trabajo —y ahora el de JN— es acompañarlo con rigor, respeto y una mirada capaz de leer sus tiempos, sus cuerpos y su forma.
–Usted habla mucho de acompañamiento. ¿Qué significa eso exactamente en JN?
–Significa algo que falta mucho en el sector: caminar al lado del proyecto desde el minuto cero hasta el final. En JN no imponemos moldes ni formatos: diseñamos itinerarios personalizados. Hay artistas que necesitan estructura; compañías que necesitan proyección; empresas que buscan impacto y beneficios fiscales; e instituciones que requieren asesoría estratégica. Cada caso es distinto, y por eso construimos un recorrido a medida: estrategia y diseño del proyecto; producción ejecutiva; comunicación cultural y posicionamiento; financiación y beneficios fiscales; y mediación, impacto y relación con el territorio. Ese itinerario —que es casi un mapa— es uno de nuestros valores diferenciales. Es donde más se nota el equipo multidisciplinar que conforma JN: especialistas con una dilatada experiencia en comunicación, innovación social, financiación, estrategia fiscal y desarrollo cultural. Un proyecto nunca se sostiene solo, creer en la autosuficiencia es una de las mayores patologías contemporáneas.
«Creer en la autosuficiencia es una de las patologías contemporáneas. Nos necesitamos más de lo que creemos»
–Este discurso del acompañamiento parece vinculado a una idea que usted repite: la necesidad y el papel importante que juegan los demás.
–Totalmente. Vengo de contextos sociales, culturales y comunitarios donde se demuestra cada día que nadie transforma nada solo. La autosuficiencia —esa idea de ‘yo puedo solo con todo’— es una trampa contemporánea. Los proyectos funcionan cuando hay red, cuando hay alianzas, cuando hay confianza. Y eso es aplicable a todo: a una compañía de danza, a un creador visual, a un inversor o a una institución. Por eso JN insiste tanto en los itinerarios acompañados. No tiene nada que ver con tutelar o dirigir, sino con sostener: estar, escuchar, facilitar, abrir puertas.

–Hablemos de proyectos. ¿Qué está preparando JN ahora mismo?
–Varias líneas a la vez. Por un lado, estamos desarrollando producciones artísticas con impacto social en artes visuales y teatro contemporáneo. Y por otro, estamos impulsando proyectos estratégicos para empresas e instituciones que quieren participar en la industria cultural con retorno económico y coherencia social. Salimos el 3 de diciembre con la presentación de la primera novela narrativa de la cineasta Mabel Lozano, ‘AVA’, junto a la proyección del corto inspirado en esta historia real de una menor con discapacidad víctima de explotación sexual comercial. La trata es la expresión más cruenta de la violencia de género. Hay un largometraje documental en desarrollo con una plataforma y cineastas de primer nivel —del que no puedo dar detalles por confidencialidad— que aborda temas universales: el fracaso, la determinación, la desigualdad estructural, la memoria emocional y el amor como motor inesperado. Es un proyecto de envergadura internacional en el que JN ha sido clave en la estrategia de financiación. Y, por otro lado, acabamos de producir y estrenar el espectáculo ‘De cuerpo presente’, dirigido e interpretado por Bob Pop junto a Miquel Barcelona, que ya está en circuito y girará en 2026.
«Si trazáramos una línea para separar ‘el sistema’ a un lado y ‘nosotros’ al otro, nos partiríamos en dos. Somos sistema»
–¿Qué puede aportar JN a la Región de Murcia en esta nueva etapa?
–Muchísimo. La Región está en un momento clave: hay talento, hay industria emergente, hay instituciones con voluntad de colaborar y hay empresas que quieren implicarse socialmente. JN puede ser un catalizador entre todos esos actores. Podemos ayudar a que los proyectos tengan estructura, recursos y proyección nacional e internacional. Y también a generar alianzas público–privadas que multipliquen el impacto. Al final, la Región necesita lo mismo que cualquier territorio creativo: metodología, visión y acompañamiento. Y en eso somos muy fuertes.
–Lleva más de una década en CONVIVE Fundación Cepaim. ¿Cómo dialoga esa experiencia y su trabajo con JN?
–Más que dialogar, se complementan desde lugares distintos. CONVIVE Fundación Cepaim ha sido mi gran escuela de acción social. He tenido la suerte de aprender al lado de su fundador y director general, Juan Antonio Segura, y de un equipo con un capital de conocimiento adquirido inmenso sobre convivencia intercultural y cohesión social. Ser técnico en diferentes áreas y haber trabajado en el gabinete de dirección me dio una comprensión profunda de lo que significa intervenir socialmente desde el tercer sector.
«En JN no se hacen proyectos para la sociedad, sino con la sociedad»
–¿Qué le ha supuesto su paso por la administración pública en cargos de alta dirección y dónde se sitúa hoy respecto a la política y al sistema?
–Siempre me acompaña una reflexión de la antropóloga Alicia Bustamante sobre la tendencia a culpar al sistema como si no fuese con nosotros: si trazáramos una línea para poner ‘el sistema’ a un lado y ‘nosotros’ al otro, nos partiríamos en dos. Porque somos sistema. Incluso cuando no actuamos, influimos. No existe un ‘afuera’ desde el que transformar nada: el cambio ocurre desde dentro, en las decisiones cotidianas. No hacen falta héroes; hace falta asumir responsabilidad y actuar desde el lugar que cada uno ocupa. Esa idea guía también mi manera de entender la gestión cultural: en JN no se hacen proyectos ‘para’ la sociedad, sino con la sociedad.
«Nunca he sido político en sentido estricto, porque para mí todo es política»
–¿Volvería a la política?
–La verdad es que nunca he sido político en sentido estricto, porque para mí todo es política: la cultura, la gestión pública, la intervención social, la forma en la que miramos y tratamos al otro en nuestro día a día. Mi paso por la Administración estuvo siempre ligado a la asesoría en política social y a la alta dirección cultural, y fue profundamente enriquecedor. Soy, en gran parte, gracias a quienes confiaron en mí y me permitieron impulsar proyectos que marcaron mi trayectoria. Lo que sí sé es que hoy avanzo sin miedo. Estaré allí donde pueda aportar, crear y transformar, ya sea desde la administración, desde la cultura o desde proyectos con impacto social. Mi compromiso sigue siendo el mismo: lo público, la cultura y las personas.
